No soy supersticioso, pero tiraré sal por encima de mi hombro y cruzaré los dedos, evitaré los gatos negros, tocaré madera y nunca pasaré por debajo de una escalera.
No creo en ese tipo de cosas, pero pediré deseos a las estrellas fugaces y a las velas de la tarta de cumpleaños, y tendré fe en mi calzoncillo de la suerte y los calcetines de nuestra primera cita.
Son cosas tontas que hacer. Aguantar la respiración en los túneles o llevar una estampita de cualquier santo en el bolsillo de la camisa.
Es solo eso, tengo tanto miedo de perderte. Y si que tengas algo viejo, algo nuevo, algo prestado, y algo azul significa que podré envejecer junto a ti, merecerá la pena no abrir nunca un paraguas dentro de casa.
5 de julio de 2014
Cuando tenía 5 años caminaba a oscuras por mi casa con la precisión hábil de un gato. Esquivaba los muebles de la sala y abría silenciosamente cada puerta, llegaba a la cocina y alcanzaba un vaso de agua. No sabía lo que era el peligro, ni lo sé ahora.
Cuando tenga 38 años discutiré por el color de las cortinas y por qué lámpara ponemos en el salón. Mis ojos serán más pesados, pero todavía se abrirán con facilidad por las mañanas.
Cuando tenía 13 años pensaba que sabía lo que era el amor.
Al igual que con 18.
En mi 23 cumpleaños no pude ir a casa por vacaciones, me quedé donde estaba, me puse mi mejor traje, fui a los bares y pasé mi día de la única manera que siempre fui bueno: solo.
"¡Solo tengo 77 años!" les diré entre carcajadas a mis nietos. "¡Eres muy viejo abuelo! Cuéntanos más de cuando eras pequeño."
Cuando tenga 49 años pensaré que sé lo que es el amor.
Tengo 25. Tengo miedo. Estoy confundido. Estoy aprendiendo lo que es el amor. Estoy luchando contra los relojes y trato de frenar las agujas. Pero cada día me corto un poco más el pelo. Me dejo barba de varios días. Creo que me estoy haciendo mayor. Pero todavía no estoy seguro.
Cuando tenga 38 años discutiré por el color de las cortinas y por qué lámpara ponemos en el salón. Mis ojos serán más pesados, pero todavía se abrirán con facilidad por las mañanas.
Cuando tenía 13 años pensaba que sabía lo que era el amor.
Al igual que con 18.
En mi 23 cumpleaños no pude ir a casa por vacaciones, me quedé donde estaba, me puse mi mejor traje, fui a los bares y pasé mi día de la única manera que siempre fui bueno: solo.
"¡Solo tengo 77 años!" les diré entre carcajadas a mis nietos. "¡Eres muy viejo abuelo! Cuéntanos más de cuando eras pequeño."
Cuando tenga 49 años pensaré que sé lo que es el amor.
Tengo 25. Tengo miedo. Estoy confundido. Estoy aprendiendo lo que es el amor. Estoy luchando contra los relojes y trato de frenar las agujas. Pero cada día me corto un poco más el pelo. Me dejo barba de varios días. Creo que me estoy haciendo mayor. Pero todavía no estoy seguro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

