Verás la vida pasar.
Un día,
cuando menos lo esperes
(y menos quieras),
te encontrarás con mi sombra.
Será entonces cuando te acuerdes de mi luz que,
como la luna,
brilla,
pero todos la vinculan con la oscuridad.
Vendrán los recuerdos,
y con ellos la nostalgia
y dirás:
yo besé esos labios,
yo me enredé entre esas piernas,
me reflejé en sus ojos
y vi con ella amanecer.
Yo la quise,
a ella,
que ya no está.
Y te abrazarás al fantasma del pasado
pensando que,
quizás,
podrías haber hecho algo
antes de verla marchar.
Y perderla.
Para siempre.
-Loreto Sesma.
20 de diciembre de 2016
"Sigues enjaulado aquí,
en mis pensamientos.
Intento no dejar nacer los sentimientos,
intento,
por un momento
ser capaz de adormecer las mariposas.
Le pongo esposas a la ilusión
y los castigo con cadena perpetua.
Aislamiento preventivo
hasta nuevo aviso,
hasta que sea capaz de pensarte
sin que un hormigueo me recorra por dentro.
Tengo tanto que darte,
que te asusta saber que lo que ves es solo la parte visible del
iceberg."
en mis pensamientos.
Intento no dejar nacer los sentimientos,
intento,
por un momento
ser capaz de adormecer las mariposas.
Le pongo esposas a la ilusión
y los castigo con cadena perpetua.
Aislamiento preventivo
hasta nuevo aviso,
hasta que sea capaz de pensarte
sin que un hormigueo me recorra por dentro.
Tengo tanto que darte,
que te asusta saber que lo que ves es solo la parte visible del
iceberg."
4 de diciembre de 2016
Quítate las dudas,
que tenemos la vida a favor
y quiero pasarme la noche
recitando poemas en tu lengua.
Hoy no me interesa la seguridad
pero me acojona no volver a verte.
Sé que todos necesitamos heridas para estar vivos
pero me he ido ya de tantos sitios, corazón,
que a veces preferiría estar muerto
y alquilarme un piso sin ventanas
en los dos interrogantes de tus ojos.
Te entregué un cuerpo roto de soledad
y me lo devolviste limpio de caricias,
te mostré el catálogo secreto de mis heridas
y me besaste los ojos con tus manos
y justo ahora
que veo las cosas claras si te tengo enfrente,
que tus ojos son los únicos que me salvan de este mundo,
me convertiré en invisible
y me iré para siempre.
Siempre es hoy, todavía,
y lo que dura un paseo por Madrid
contigo de la mano.
Siempre es una terraza con vistas al cielo,
es bailar borrachos en un piso compartido.
Quiero saborear el paso de los días,
quiero escribir París en tu mejilla,
quiero que el riesgo
se vuelva a apoderar de nuestros cuerpos,
mientras te hablo de volver a intentarlo,
mientras te digo, como siempre,
quédate.
que tenemos la vida a favor
y quiero pasarme la noche
recitando poemas en tu lengua.
Hoy no me interesa la seguridad
pero me acojona no volver a verte.
Sé que todos necesitamos heridas para estar vivos
pero me he ido ya de tantos sitios, corazón,
que a veces preferiría estar muerto
y alquilarme un piso sin ventanas
en los dos interrogantes de tus ojos.
Te entregué un cuerpo roto de soledad
y me lo devolviste limpio de caricias,
te mostré el catálogo secreto de mis heridas
y me besaste los ojos con tus manos
y justo ahora
que veo las cosas claras si te tengo enfrente,
que tus ojos son los únicos que me salvan de este mundo,
me convertiré en invisible
y me iré para siempre.
Siempre es hoy, todavía,
y lo que dura un paseo por Madrid
contigo de la mano.
Siempre es una terraza con vistas al cielo,
es bailar borrachos en un piso compartido.
Quiero saborear el paso de los días,
quiero escribir París en tu mejilla,
quiero que el riesgo
se vuelva a apoderar de nuestros cuerpos,
mientras te hablo de volver a intentarlo,
mientras te digo, como siempre,
quédate.
Siempre, quédate
Se ha velado el carrete
de nuestro pasado
mientras tú me hablas
de volver a intentarlo.
Ya conocemos ese país
gobernado por el rencor
al que no debemos volver nunca,
le hicimos una declaración de principios al invierno
y enterramos nuestras heridas
en el tímido adiós de una despedida ficticia.
Sabemos que la felicidad
siempre corría en otra dirección,
tal vez porque estallamos cien mil veces
en todas las esquinas
de cada malentendido.
Vivimos durante meses
cambiando de estación cada semana,
pasando página sin arreglar los desperfectos,
dejando sin saldo al porvenir.
No sé de qué manera entraste
porque yo no abrí ninguna puerta,
Mis candados estaban cerrados
y aunque en mi memoria
hacía menos frío que en tu vida
derretiste con tu vientre
el iceberg de mi cama.
Me cacheaste el alma con la mirada
y con las manos en voz baja
me quitaste de encima la tristeza.
Desde que te conozco tengo alas
porque tú me ensañaste cómo usarlas. -Diego Ojeda
de nuestro pasado
mientras tú me hablas
de volver a intentarlo.
Ya conocemos ese país
gobernado por el rencor
al que no debemos volver nunca,
le hicimos una declaración de principios al invierno
y enterramos nuestras heridas
en el tímido adiós de una despedida ficticia.
Sabemos que la felicidad
siempre corría en otra dirección,
tal vez porque estallamos cien mil veces
en todas las esquinas
de cada malentendido.
Vivimos durante meses
cambiando de estación cada semana,
pasando página sin arreglar los desperfectos,
dejando sin saldo al porvenir.
No sé de qué manera entraste
porque yo no abrí ninguna puerta,
Mis candados estaban cerrados
y aunque en mi memoria
hacía menos frío que en tu vida
derretiste con tu vientre
el iceberg de mi cama.
Me cacheaste el alma con la mirada
y con las manos en voz baja
me quitaste de encima la tristeza.
Desde que te conozco tengo alas
porque tú me ensañaste cómo usarlas. -Diego Ojeda
2 de diciembre de 2016
No me voy a olvidar de ti.
No me voy a olvidar de ti porque he querido más a esos ojos que a mis propias manos, y eso que con ellas amortiguo cada caída. No me puedo olvidar de ti porque voy a echar de menos cada mísero momento que he pasado riendo contigo, porque cuando eres testigo del asesinato nunca más puedes llegar a olvidar la cara de la víctima, porque he llorado más tu vida que lo que voy a llorar jamás por alguien.
No me voy a olvidar de ti porque he navegado en muchos mares, me he ahogado en demasiados bares, y ninguno ha conseguido que no acabe pronunciando tu nombre.
Los cañones de Espronceda nos han explotado en las manos y ahora miro a los lados y solo veo la polvareda que ha levantado este vendaval de miedo. Ya no sé mantenerme de pie en ese punto estratégico que decías que había en los huracanes, en donde no te afecta su fuerza ni nada te arrastraba a la muerte.
No me voy a olvidar de ti porque no quiero, porque me pesa más el treinta a la espalda que esta espada que me atraviesa cuando se abre la puerta y la vida me arrastra el paso del tiempo.
Este latido no perdona y este 'te quiero' que te digo ya no llega a su destinatario, pero sí permanece en la memoria. Y si es lo único que queda, es lo único que voy a cuidar para siempre...
No me voy a olvidar de ti porque he querido más a esos ojos que a mis propias manos, y eso que con ellas amortiguo cada caída. No me puedo olvidar de ti porque voy a echar de menos cada mísero momento que he pasado riendo contigo, porque cuando eres testigo del asesinato nunca más puedes llegar a olvidar la cara de la víctima, porque he llorado más tu vida que lo que voy a llorar jamás por alguien.
No me voy a olvidar de ti porque he navegado en muchos mares, me he ahogado en demasiados bares, y ninguno ha conseguido que no acabe pronunciando tu nombre.
Los cañones de Espronceda nos han explotado en las manos y ahora miro a los lados y solo veo la polvareda que ha levantado este vendaval de miedo. Ya no sé mantenerme de pie en ese punto estratégico que decías que había en los huracanes, en donde no te afecta su fuerza ni nada te arrastraba a la muerte.
No me voy a olvidar de ti porque no quiero, porque me pesa más el treinta a la espalda que esta espada que me atraviesa cuando se abre la puerta y la vida me arrastra el paso del tiempo.
Este latido no perdona y este 'te quiero' que te digo ya no llega a su destinatario, pero sí permanece en la memoria. Y si es lo único que queda, es lo único que voy a cuidar para siempre...
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