21 de julio de 2016

https://www.youtube.com/watch?v=8lyXnMMnczU
"Qué difícil tiene que ser el acarrear un caparazón en la espalda que crees que te exenta de la pena pero en realidad solo aporta un peso más sobre tus hombros. Y qué complicado debe de ser tener el cielo en los ojos, porque todos aquellos que piden un deseo lo deben hacer mirando tus pupilas."

14 de julio de 2016

Dice que está enamorado de mí
y que no sabe si darme la enhorabuena
o el pésame. 
Me dice "bésame" cuando quiere que me calle
y me hace hablar más de la cuenta cuando callo. 
Quiere cumplir sus sueños conmigo, 
viajar desde Rusia a Argentina, 
sacarle mina al lápiz para escribir una historia 
digna de una canción de los Stones. 
Tiene la manía repentina de ponerse a silbar, 
de querer derrumbar mis esquemas 
cada vez que sonríe. 
Es la primera persona. 
Que no me hace buscar las salidas de emergencia
porque convierte en hogar hasta el infierno
Es la primera persona. 
Del yo te quiero. 
Una vez, 
en mitad de un huracán de miedos, 
me dijo que si hay que matarse
lo haríamos a 200, 
disfrutando como niños 
y no con dudas cobardes
ni calculando destrozos. 
Y puede que tenga razón. 
Porque ahora todo lo que escribo
es un triste esbozo de su risa. 
Porque ahora todo lo que pisa
lo convierte en cielo
todo lo que pesa en los hombros, 
en los párpados, 
y en las ojeras, 
lo convierte en ligero
Porque ahora
todo lo que sentía como hielo 
parece incendio, 
porque ahora,
más 
que 
nunca, 
te quiero. 
"Voy a (d)escribirte:
Empezaré por tu línea de lunares
puestos estratégicamente para saber dónde acariciarte. 
Tus ojos color almendra 
incapaces de mirarme
por miedo a que encuentres en los míos la verdad de por qué te sonrío. 

Tu ceño fruncido
o tus resoplidos
cuando quieres limpiarte la mente de eso que te bombardea la cabeza. 

Tu boca 
(pieza fundamental) 
que sonríe con forma de media luna, 
como acunando todos los besos que me quedan por darte. 
Tus piernas, 
dispuestas a dejarse enredar por las mías
y guardarnos cien travesías entre las sábanas. 
Lo demás será mejor que me lo guarde en la chistera
hasta que encuentre algún truco que me ayude a enseñártelo como magia
y que así, 
empieces a creer un poco en mí. 
Guárdame Madrid durante el otoño y deja que solo sean las hojas las que caigan, 
nunca lo hagas tú. 
Espérame en Atocha cuando vayas camino al infierno, 
que ya haré yo que todo ese huracán tuyo interno
acabe por desaparecer. "

11 de julio de 2016

Qué guapo está hoy mi corazón para estar tan roto
y qué bien te quedan estas letras puestas delicadamente en tus pestañas, 
que son como el telón de la gran obra de tus ojos. 
Perdóname, 
pero ya sabes que soy chica de metáforas,
aunque en realidad es un eufemismo decir eso, 
porque en realidad lo que soy es una cobarde. 
Una cobarde por no saber escribir claro, 
no atreverme a acercarme a ti
y decirte que eres lo más bonito que he visto alguna vez pisar este suelo 
(territorio que aún no he conquistado porque a mi 
eso de tener los pies donde hay que tenerlos, 
nunca se me ha dado nada bien).
Lo primero que he aprendido de esta historia 
(nuestra, supongo)
es que el pecho izquierdo siempre va a doler más que cualquier otra parte del cuerpo
será cuestión de biología o metáfora, 
pero estás vendido si se clava ahí la flecha de Cupido;
que sí, 
que es de Cupido, 
pero seguirá siendo una flecha, 
y duele. 
Lo segundo
es que si echar de menos ya es de por sí jodido, 
imagínate echarte de menos a ti. 
Porque en realidad tendríamos que echarnos de más
pero en sonrisas. 
Llámame iluso, 
soñadora, 
idealista
y mentirosa
por venderte que el amor sí existe. 
Pero nunca 
(por favor)
me obligues a quemar mi bandera, 
porque si defiendo una locura así, 
si te afirmo una y otra vez que la torre Eiffel ha sido más testigo de besos que de huidas, 
es porque lo tercero que he aprendido es 
que yo empecé a buscar en tus labios
la racionalidad de algo tan loco como el palpitar de este corazón. 
Y lo cuarto es que ya va siendo hora de salir de mi escondite
y correr a buscarte. 
Es el momento perfecto para abandonar el salvavidas
y aventurarme a tirarme al mar en mitad de la nada, 
que no será nada porque estarás tú 
y lo será todo
que no será escondite porque estarán tus brazos
y eso, 
eso sí que es magia. 
Por último, 
es decirte que el cinco siempre ha sido mi número de la suerte
y es por eso por lo que te digo que
lo quinto que quiero susurrarte es que te quiero.

8 de julio de 2016

Te echo de menos. 

Te echo de menos porque tengo ganas de llorar, 
de huir. 
Tengo miedo entre las costillas, 
y la puta sensación
de que la gente entra de puntillas en mi vida
para luego saltar todo por los aires. 

Te echo de menos 
porque con la lluvia de esta ciudad
no consigo ver el sol
que veía en tu sonrisa todos los días. 
Porque estoy empapada de sueños
y cuando cierro los ojos, 
las noches lo convierten en pesadillas. 

¿Dónde estás?
Que eras el viento que movía la veleta, 
el que me ayudaba a escoger el camino correcto. 
El freno de emergencia
cuando iba directa al precipicio. 

Me acaricio la piel 
para poder sentirte cerca, 
me acaricio la piel porque eres mi mejor secreto
gritando a los cuatro vientos. 

Me estoy dando cuenta
de que nunca sacabas el conejo de la chistera
porque no necesitabas hacerlo, 
quién necesita trucos
cuando lleva la magia entre las pestañas. 

La gente debería quitarse el sombrero 
al verte pasar, 
porque eres el hombre con el corazón más bonito 
y la sonrisa más fuerte
que voy a conocer jamás. 

Que alguien, 
ese Dios en el que tú crees, 
te dé ese cielo que tanto te mereces. 

Te echo de menos porque nunca me sentí valiente, 
porque quiero incendiar el asfalto, 
porque quiero ir a cualquier lugar donde estés tú
y así sentirme protegida. 

No sabes cuánto te echo de menos. 
No sabes cuánto...
Lo peor es que piensas
que no eres una chica huracán
capaz de echar mis esquemas abajo 
con tan solo poner tus piernas arriba. 
Una chica 
capaz de hacerme adicto 
a cada uno de tus gestos, 
movimientos
y manías. 
Una chica medicina
capaz de curarme las heridas. 
Me dices que solo 
(¿solo?)
puedes ofrecerme tu saliva. 
No eres.
No. 
No puedes ser. 
Porque lo peor siempre fue verte como
una niña bailarina, 
de las que siempre van de puntillas
y sin hacer ruido, 
incapaz
(o eso decías tú)
de entrar en mi caja torácica 
y alterar mis latidos. 
Eso sí, 
niña, 
no olvides 
que sístole y diástole
seguirán su ritmo cuando estés conmigo, 
pero si me voy... 
Si me voy notarás eso que late
completamente
partido


6 de julio de 2016

Puede que no lo sepas, 
pero nunca he sido capaz de abrirme el pecho ante alguien
y dejarme querer sin sentirme culpable. 
He tenido siempre esta enfermedad
que me convierte en autodestructiva de todo lo que quiero. 

No sé... 

Ahora suenan los Stones, 
bailo sin importarme la hora, 
le cuelgo el teléfono al miedo. 

No quiero valer la pena, 
quiero valer todas las sonrisas que te marcas cuando digo alguna gilipollez, 
que te rujan las venas y te pidan tregua
cuando entra en juego mi parte animal en mitad de la partida. 
Quiero incontables viajes de ida, 
aprenderme de memoria tus movidas con la ley 
y que mi boca sea la norma que más te guste romper. 
Que dejemos la última ronda sin pagar
y se rompan los azulejos de los baños de cualquier bar 
al hacernos pedazos. 
Me he enamorado de los retazos de dolor que dejas cuando todo te acorrala, 
de tus paranoias que aparecen en la décima copa, 
de tus dudas y tus inseguridades, 
de todas las ciudades a las que tenemos previsto viajar. 
Me he enamorado del monstruo de tu armario, 
de tu espíritu de corsario
y tu alma de pirata perdido en altamar; 
de aquel tatuaje de un timón que nunca te harás
o de la manera en la que te anclas a mis caderas. 
Así que háblame de tus miedos, 
de tus monstruos 
y tus gigantes; 
háblame de cómo te perdías antes de perderte en mi boca, 
antes de volverme loca a base de sonrisas, 
antes de enseñarme a soltarme de las cornisas y disfrutar del vuelo. 
Háblame, 
abrázame, 
agárrate a lo poco que queda de mí después de tanto incendio. 
Entérate ya
de que ahí fuera no hay nadie 
ni nada
que me asuste
lo único que me da realmente miedo es que un día te marches. 
Porque aquí dentro ya has plantado bandera, 
has izado tu vela en mitad de la tormenta,
ya lo has conquistado todo. 

Te quiero como no he sabido querer a nadie.


5 de julio de 2016

A veces también se me acaban las sonrisas para ti, a veces también se me acaban las ganas de escribirte. 
Pero te quiero, ojalá lo entiendas, siempre te quiero... 
Cuando no te convengo, cuando no me soportas, cuando te odio... te quiero.