Y yo siempre decía que lo bonito en mi vida dura poco, ¿sabéis? Esa no fue la única vez que esperé que me dijese que si, que sería capaz de arriesgarlo todo conmigo, aunque la diferencia está en que en ése momento creía que llegaría ése día, que sería capaz de dejarlo todo. Recuerdo que cuando se enfadaba y amenazaba con irse, me podía pasar horas mirando el teléfono deseando que por una puta vez sonara y fuese él. Todavía hay noches que lo espero, pero eso nunca pasa. Sé que no me va a llamar diciéndome que me echa de menos ni diciendo que tiene ganas de verme únicamente a mí. Sé que no voy a oírle decir que quiere intentarlo todo conmigo, sin importar las consecuencias porque lo arriesgaría todo una y las mil veces que hiciese falta con tal de tenerme a mí. No sabéis lo jodido que es esperar algo que sabes que no va a llegar pero es que, a veces, el corazón es tan tonto que sigue manteniendo la esperanza de que en cualquier momento, a cualquier hora, llamará y ya no sé cómo explicarle que no va a volver. Que ya no voy a tenerle, que no me sirve de nada quererle.

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